La llamada se cortó y, apenas unos segundos después, la pantalla del teléfono de Maximilien se encendió con un mensaje entrante.
Lo abrió.
“Mañana, a las 9:00 a.m. exactas. Sal de la ciudad por la ruta vieja del sur. Llegarás a un cruce de caminos, toma el sendero estrecho de tierra que sube hacia la colina. No pares, no llames, no traigas a nadie, ni se te ocurra avisarle a la policía. No te desvíes ni un solo metro, porque sé cómo contar cada paso. Si llegas tarde, si veo algo raro… no vuelv