El teléfono de Maximilien seguía vibrando en su mano. La pantalla mostraba el número de la comisaría.
Se obligó a respirar antes de contestar.
—¿Comisario?—dijo con voz grave.
—Necesitamos que venga de inmediato, señor Fuenmayor —respondió el oficial a cargo—. Es urgente.
Maximilien miró de reojo a Gracia, que aún sollozaba en sus brazos. El médico había aumentado el sedante y sus párpados empezaban a cerrarse.
Se inclinó hacia ella.
—Voy a volver, preciosa… —le susurró—. Pandora se quedará con