Maximilien no dudó un segundo en acercarse a la mujer; lo hizo con pasos largos y decididos. Al verla, su voz retumbó completamente furioso y desesperado.
—¡¿Dónde está mi hija, Celeste?!
—Maxi, mi amor… cuánto tiempo sin verte. —Ella lo recorrió con la mirada, de arriba abajo—. ¿Qué te ha pasado, cariño? —preguntó extrañada al ver lo diferente que lucía. El hombre imponente que conocía estaba ahora en recuperación, y aun así ella parecía no notarlo.
—No importa lo que me pasó. —Maximilien apre