Gracia tragó con dificultad. Salieron de la iglesia entre los aplausos breves de los asistentes. La ceremonia había sido una farsa, una representación vacía. Maximilien no la miró ni una sola vez; su indiferencia, sumada a su presencia imponente, le provocó escalofríos.
Apretó los ojos con fuerza, presentía que los días por venir serían una pesadilla. No era difícil imaginar que él había insistido en casarse solo por venganza, decidido a hacerla pagar por haber huido tiempo atrás y por haberlo