Días después
Gracia temblaba de nervios en la sala de espera de la iglesia. Se miró al espejo por última vez y no podía creer lo espectacular que se veía. El vestido parecía hecho a su medida, con una horma impecable y detalles que rozaban la perfección. No podía negarlo: le gustaba lo que veía.
Era la primera vez que usaba un vestido de novia. Cuando se fugó con Fernando, apenas tenían lo necesario para vivir; la boda fue improvisada, sin lujos ni planes. Aun así, él le prometió que algún día