INFINITO DOLOR.
Maximilien escuchó todo con atención. Justo cuando iba a acercarse a Gracia para contarle lo que había averiguado, la puerta de la sala de reanimación se abrió. Ambos, como si compartieran un mismo instinto, giraron al mismo tiempo hacia el médico que salía.
Gracia se levantó de golpe al verlo. El doctor lucía exhausto, con el rostro sombrío y los ojos bajos, su expresión lo decía todo.
—Doctor… ¿cómo está mi abuela? —preguntó Gracia, desesperada.
El médico suspiró y negó lentamente con la cabe