Gracia solo podía aferrarse a la única persona que le quedaba en el mundo, la única que aún representaba su fuerza. En los últimos días, pasaba más tiempo en el hospital, acompañando a su abuela. Por suerte, los tratamientos estaban funcionando y la anciana mostraba mejoría, lo que permitía momentos de compañía más cálidos.
—Abuelita, me alegra tanto que ya te sientas mejor —susurró Gracia, recostando su cabeza contra el cuerpo frágil de la mujer, quien le acarició el cabello con ternura.
—Todo