—¿Qué? —Maximilien esbozó una sonrisa irónica—. Ni creas que voy a aceptar un matrimonio abierto, Gracia. Eres mi mujer. No me interesan otras, y mucho menos voy a tolerar que quieras estar con otro hombre.
Se acercó hasta quedar frente a ella, mirándola directo a los ojos. La intensidad de su mirada la hizo estremecer.
Gracia guardó silencio, tragando con dificultad. No podía evitar pensar en Celeste, en ese supuesto amor de años que él siempre negó. ¿Por qué insistía en rechazar algo que para