Maximilien se fue hacia las escaleras sin mirar atrás. Gracia abrió los ojos, sorprendida, y sin pensarlo fue tras él.
—¡Espera, Maximilien! Por favor, necesitamos hablar.
Él no se detuvo ni volteó a verla. Estaba indignado, no podía creer que Gracia lo hubiera borrado de sus recuerdos con tanta frialdad.
—¡Carajo, espera! —gritó ella. Entonces, casi a regañadientes, él se giró.
—¿Qué pasa, Gracia? Está bien, de verdad. Entiendo que no sientas lo mismo por mí. Es más, lo he entendido perfectame