Las preguntas del señor Dom.
Arabella se detuvo frente a la verja de aquella mansión de estilo victoriano, como hacía cada mañana.
El aire aún conservaba el frescor del alba. El sol apenas se elevaba unos grados sobre el horizonte oriental, tiñendo el mundo de un dorado cálido, pero sin quemar. Las aves trinaban en el jardín impecable de la entrada. El aroma de las rosas que bordeaban el acceso flotaba sutilmente en el aire, mezclándose con el olor a hierba recién cortada.
La casa lucía tan majestuosa como siempre. Sus p