Hombre demente.
Bella cerró los ojos. Las lágrimas empezaron a agolparse en sus párpados.
—Solo te extraño —continuó Dominic, con una voz que era casi un susurro—. Déjame entrar, solo un momento.
«Extrañar». Esa palabra le revolvió el estómago a Bella.
Una palabra yang debería ser dulce. Una palabra que debería ser dicha de un esposo a su mujer. Una palabra que debería hacer florecer el corazón.
Pero en boca de Dominic, aquel «te extraño» sonaba como una amenaza. Como una trampa. Como un grillete que preten