—Revisa mi coche —dijo Dom con arrogancia, como si le hablara a un sirviente y no a un mecánico que trabajaba arduamente—. Parece que algo va mal con el motor.
—Muy bien, señor. Lo revisaré —Christian caminó hacia el BMW, abrió el capó y comenzó la inspección. Sus manos, grandes y rudas, se movían entre los componentes de un motor impecable y ordenado. El aceite de sus dedos manchaba las piezas que, hasta hacía un momento, relucían de limpieza.
Christian sabía perfectamente que el coche no te