Ese hombre astuto ha regresado.
Esa mañana, la panadería estaba desierta.
La pequeña campana sobre la puerta de entrada no había sonado en la última hora. Las mesas de madera estaban vacías, adornadas únicamente por floreros de plástico con girasoles artificiales. Las sillas, todas distintas entre sí, permanecían estáticas, como si aguardaran a que alguien llegara a ocuparlas.
Bella estaba de pie detrás del mostrador, concentrada en limpiar la vitrina de cristal que comenzaba a acumular polvo. El paño húmedo se movía de un l