Esa mañana, la lujosa suite del hotel, que el día anterior desbordaba calidez y romanticismo, amaneció sumida en una atmósfera gélida y cargada de tensión. Los rayos del sol se filtraban por los resquicios de las pesadas cortinas, dibujando finas líneas de luz sobre el suelo de mármol blanco. Sin embargo, el ambiente en el interior de la estancia distaba mucho de compartir la claridad del día.
Dominic permanecía de pie junto al ventanal, ataviado aún con la camisa blanca arrugada y los pantalon