Andrey se acercó.
A solo un par de pasos, y la distancia entre ambos era tan corta, que Luna podía sentir el calor de su cuerpo, el leve aroma amaderado de su perfume, y el peso de su presencia clavándosele en la piel.
—¿Dónde están los demás? —preguntó Luna, tratando de recuperar algo de control y Andrey apenas entrecerró los ojos.
—No hay nadie más. Solo tú y yo.
Luna sintió cómo algo dentro de ella se tensaba, y por reflejo abrazó la carpeta contra su pecho, como si ese simple objeto pudier