Londres ardía sin fuego.
Desde el aire, la ciudad parecía la misma: luces extendidas, tráfico, puentes, edificios altos cortando la noche. Pero Luna lo sintió apenas el avión descendió.
Algo estaba mal. No era destrucción visible… pero si algo peor.
Una presión en la garganta, un peso en el aire como si miles de personas hubieran despertado de pronto con miedo sin saber por qué, y Andrey lo sintió también.
—Están alimentándose —dijo y Denzel miró por la ventanilla.
—Miedo colectivo.
Alex, senta