Alex despertó llorando.
No fue un llanto fuerte, sino un sonido pequeño, quebrado, casi infantil, saliendo de un hombre que había sostenido demasiada culpa durante demasiado tiempo.
Luna estaba junto a él en la cripta, sentada en el suelo de piedra, con la cabeza apoyada contra el pecho de Andrey mientras Denzel revisaba los límites del lugar y Eirik mantenía encendida la llama central.
Alex respiraba con dificultad, pálido, tembloroso, envuelto en una manta. Las venas negras habían desaparecido