Luna apoyó la frente en el marco de la puerta, apenas cerró tras de sí. Su pecho subía y bajaba con lentitud, como si necesitara reconectarse con la Tierra antes de dar un paso más.
Se rio… Se rio bajito, como quien descubre un chiste absurdo en medio del colapso.
—Buscar su nombre en Internet… —murmuró mientras caminaba hacia la cocina—. ¡Claro que sí, Luna! Como si Andrey Launder, nacido en 1500, con ojos que brillan como soles moribundos, tuviera cuenta en LinkedIn. ¿Qué digo? No sé si realm