Sentada en el pequeño sofá de aquella casa que apenas comenzaba a sentir como refugio, miré fijamente el techo mientras una sensación de angustia me apretaba el pecho.
El silencio era sofocante.
Mis manos descansaban sobre mi vientre, acariciándolo con suavidad, intentando encontrar algo de calma en medio del caos que era mi vida.
No sabía qué iba a hacer.
No sabía cómo seguir.
Mi mente no dejaba de repetir lo mismo una y otra vez.
¿Y si Nicola tenía razón?
¿Y si este bebé era suyo?
Solo pensar