Las palabras que salieron de mi boca me tomaron por sorpresa… y, al ver su expresión, también a ella.
Elena me sostuvo la mirada durante un instante que pareció eterno. Había algo distinto en sus ojos, algo que no supe leer a tiempo.
Y entonces, sin previo aviso, se lanzó hacia mí.
Pero no para golpearme.
Me besó.
Fue un beso desesperado, cargado de todo lo que no habíamos dicho, de rabia, de tensión… de algo más peligroso. Me quedé inmóvil un segundo, sorprendido, pero no tardé en responderle.