Salí de esa oficina con la dignidad por los suelos. Sentía los ojos arder por las lágrimas que amenazaban con salir, pero me negaba a dejarlas caer. Tenía que aguantar. Yo misma me había metido en esto. Yo… lo merecía.
Pero dolía.
Dolía demasiado.
—¿Elena?
Mi corazón se detuvo.
Me giré lentamente y lo vi. Logan estaba ahí, mirándome con el ceño ligeramente fruncido, confundido… preocupado.
Me tragué el sollozo, pero no fui capaz de sostenerlo más. Corrí hacia él y me lancé a sus brazos, aferrán