Una voz grave y fría la detuvo en seco.
— Voy al baño, chicos. No hagan nada que yo no haría.
Bruno aprovechó el momento, girándose hacia Rosie. Su mirada era intensa, y su mano subió a la mejilla de Harper, un toque suave, pero intencional.
— Déjame ayudarte a olvidar, Rosie. Solo una noche. Tú y yo, como siempre debimos ser.
Rosie sintió el calor de su aliento cerca, pero su cuerpo se tensó. Lo empujó suavemente, apartándose.
— No, Bruno. No puedo.
— ¿Por qué no? Ese Maximus te trata como basura. Yo te daría todo.
Intentó acercarse