Rosie sintió el motor del Hennessey Venom F5 rugir por última vez antes de que Bruno lo apagara frente a la imponente mansión. El lugar era impresionante, jardines perfectamente podados con fuentes que murmuraban agua cristalina, y en el garaje abierto, una fila de autos que gritaban dinero. Un Lamborghini rojo fuego, un Ferrari negro mate, y algo que parecía un McLaren con detalles en oro. Todo gritaba opulencia, pero a Rosie no le impresionaba tanto como debería. Su mente estaba en otro lado,