—¡ESTO ES UNA MALDITA LOCURA! —espetó Maximus acomodando su corbata y luego observó la hora en su reloj altamente costoso.—Baja la voz, Maximus, es lo mejor que conseguí. Muchos de mis conocidos han estado en la misma situación que tú —dijo su mejor amigo y asistente Héctor, quien es su cómplice en todo. Se conocían desde que tenían 10 años de edad—. Verás que en pocos días tendrás a una esposa sumisa, hermosa, con grandes curvas y pechos. Tendrás un hijo, te divorcias dejándole una gran suma de dinero y listo, todos satisfechos. Debes sacrificarte por la familia, no puedes perder tu posición por algo que es tan simple.—¡Eso crees! —Maximus iba a decir algo más cuando la jefa abrió la puerta, así que los hombres callaron. Mientras tanto, Rosie sintió que le faltaba el aire; sentía que volvía al tiempo pasado, a aquel amargo recuerdo que la cambió por completo.—¿¡Rosie, Rosie!? —la mencionó su jefa, y la chica salió de sus pensamientos. Estaba de espaldas, así que tragó grueso. Llev
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