—¿Qué…? —Héctor está perplejo de la respuesta de Rosie, cómo una mujer con tanta necesidad rechaza una propuesta beneficiosa —creo haber escuchado mal, señorita Harper, no… usted debe estar muy estresada, debe meditar, le daré unos días—Mi respuesta sigue siendo no, señor, no me casaré con el señor Livingston. Ya que usted está aquí, hable con mi jefa para que le asignen otra casamentera a su jefe en apuros, hasta luegoRosie salió de la oficina, mientras que Héctor la observó con asombro hasta no verla más. No podía creerlo, pensó que eso funcionaría, ahora no sabe con qué cara llegar ante su jefe irritante. —¿¡Ahora qué carajos voy a hacer!?— espetó, y Scarlett apareció al ver salir a Rosie con gran afán y un temple en su rostro de enojo.La chica llega a su apartamento y lo primero que observa son los cuatro sobres que evidentemente son facturas por pagar. Suspira con cansancio y luego se agacha para agarrarlos. Al volver a retomar su compostura, hace un gesto de susto. —¡Señor Vél
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