Ambas mujeres se miran con un desafío letal en el camerino, un espacio que ahora se siente demasiado pequeño para el odio que emana de Aria y la nueva determinación de Rosie. Rosie analiza a Aria de pies a cabeza; ya no es la mujer asustadiza. No piensa dejarse pisotear por ella, no hoy, cuando finalmente ha reclamado su lugar. Aria, por su parte, en su mirada es notable, una mezcla de envidia y furia, buscando las palabras perfectas para acabar con la cordura de su rival.
—¿Qué esperas, Aria?