—¿Qué? —Rosie siente un escalofrío recorrer su cuerpo en cuanto escucha lo que ha dicho Maximus.
—Serás mía esta noche —la carga y la lleva hacia la cama siendo algo salvaje.
—¡No, no pienso permitírselo! —ella lo fue a apartar, pero este hombre ya está encima de ella.
—Cumple con tu deber, señora Livingston —la mira, y no cualquier mirada, fue una que la dejó sin aliento, porque él la confunde tanto que duele.
—Tú no mereces… no mereces nada —dijo Rosie sintiendo esas fuertes ganas de