EMILY
Al otro día, amaneció con el cielo despejado; los hilos del sol se colaban por la cortina de Emily, que para ella fueron como unos golpes a su psiquis, debido a la resaca que estaba experimentando por la noche de fiesta.
—No vuelvo a tomar tanto—, ella pensó mientras se levantaba al baño, no sin antes revisar el celular.
—¡Veinte llamadas perdidas! ¡Y de Ángelo!, no puede ser posible—. Emily brincó dando vueltas, aunque la alegría se le opacó al cuestionarse. —¿Será que le guste? O ¿será