EMILY
—De acuerdo, Ángelo, te lo diré—, ella carraspeó, pues su voz casi no pudo salir porque esas fuertes manos la asfixiaban. —Cometí un error en proponerte esa cuestión.
—Por favor, perdóname, no quería llegar a estos extremos, es que estoy muy preocupado—, él susurró soltándole el cuello. —Es que sé que está en peligro, además estoy teniendo los mismos síntomas que como cuando ella estaba embarazada de mis gemelos; ojalá solo sean mis psicosis.
—Ángelo, te entiendo, aguarda, me calmo, o ter