XIMENA
Los guardaespaldas no lo lograron agarrar, aunque no se trataba de un ladrón hábil. Aunque aprovechó una esquina para quitarse la chaqueta y la gorra, dio media vuelta, inclusive se hizo el golpeado por un perseguido, de esa manera se fugó. Ximena manchó el andén con su sangre, el caco provocó más daño con ese golpe que con el robo de las pertenencias. Eso se reflejaba en la cara de los escoltas, quienes estaban que daban vueltas de la preocupación, diciendo: —Ahora que le diremos al jef