Ximena estaba en su oficina, marchando de un lado a otro, entonando palabras, con un discurso que tachaba frases y agregaba otras, cuando una voz la asustó: —Hola, mi amor—, se trataba de Ángelo, quien la sorprendía con otro ramo de flores. Qué creativo; es de sabios no repetir regalos; eso puede dar lugar para que le coloquen el apodo de regala flores, por ejemplo, don floripondio.
—Amor, qué sorpresa, es que estoy aquí muy estresada con este discurso, no sé ni que decir.
—Mi Ximena, tú ensaya