XIMENA
Un médico privado llegó a la mansión diciéndole doctor a Ángelo, —qué raro—, reflexionó Ximena, a la vez que él, muy amable, la saludó: —Hola, señorita, entonces se cayó en una bala, tranquila, se la sacaré sin dejarle cicatriz,
La operación dolió muchísimo más que el balazo. Ella por poco se desmaya. Eso no impidió que al otro día se fuera al hospital a interrogar al hombre de gris, el sujeto presente en el atentado de sus padres adoptivos y del accidente de la mina. Se marchó cuando Án