La mañana siguiente en la Mansión Moretti se sentía extrañamente serena. Isabella desayunaba con los niños antes de enviarlos al colegio. La tristeza era palpable, pero también había un aire de liberación. La decisión de Isabella había creado un nuevo statu quo.
Fiorella que siempre andaba de parlanchina estaba callada. Extrañaba a su padre, al abuelo y a Leo, pero la tensión constante había sido peor. De pronto le pregunto. — Mami, mis hermanos y yo podemos visitar al abuelo Marco.
Isabella co