La mañana siguiente en la Mansión Moretti se sentía extrañamente serena. Isabella desayunaba con los niños antes de enviarlos al colegio. La tristeza era palpable, pero también había un aire de liberación. La decisión de Isabella había creado un nuevo statu quo.
Fiorella que siempre andaba de parlanchina estaba callada. Extrañaba a su padre, al abuelo y a Leo, pero la tensión constante había sido peor. De pronto le pregunto. — Mami, mis hermanos y yo podemos visitar al abuelo Marco.
Isabella con una cálida sonrisa, y aliviada de que no rechazara a la familia respondió. —Claro hermosa, pueden ir siempre que quieran, solo tienes que decirle a Carter o Arthur y ellos los llevaran encantados, ahora terminen su desayuno se les hará tarde para asistir al colegio.
Fiore observo a su madre y contesto con una sonrisa llena de picardía y la arrogancia que parecía estar inmersa en la sangre de la familia. —Mami, los Moretti jamás llegamos tarde, simplemente los demás llegan antes.
Isabella negó