…Poco después, la quietud dio paso al movimiento. Salvatore se puso de pie, desabotonándose los primeros botones de la camisa y desprendiéndose de la formalidad del Don. Atajó una pequeña pelota de cuero que uno de los soldados le lanzó desde el perímetro y comenzó a jugar con Gabrielle. El niño corría detrás del balón con una energía inagotable, mientras Salvatore, con movimientos pausados pero precisos, le enseñaba a controlar la trayectoria sobre el césped.
Desde la manta, Alessa, con Gabrie