La mansión en York era imponente, pero Isabelle no se dejó intimidar.
Subió los escalones con paso firme, aunque por dentro, todo era un torbellino.
Un mayordomo la condujo por pasillos silenciosos hasta una oficina privada en el ala este.
Era el despacho personal de Jonathan Hartley.
Elegante, sobrio, con ventanales que daban al jardín trasero.
Jonathan estaba de pie junto a su escritorio de nogal.
Al verla, hizo un gesto breve.
—Siéntate.
Isabelle obedeció, cruzando las pi