James se dejó caer en el asiento del auto, cerrando la puerta con un golpe seco. El silencio lo envolvió como una manta pesada. Metió la mano en el bolsillo de su abrigo y sacó el encendedor que Isabelle le había regalado en su cumpleaños.
Era elegante, discreto.
En uno de sus costados, el grabado aún brillaba bajo la luz tenue:
**“Si no fuera prohibido.”**
James lo sostuvo unos segundos entre los dedos, como si el metal pudiera calmar el fuego que llevaba dentro.
Encendió el cigarr