La cena avanzaba bajo el cálido resplandor de las lámparas antiguas. Afuera, el invierno vestía la Mansión Moore con un frío elegante, como si la nieve hubiese firmado un contrato de silencio. Todos estaban presentes: Camille y Lucie intercambiaban miradas cómplices, Noah sostenía su copa sin tocarla, James hablaba poco, y Celeste mantenía una sonrisa discreta. Beatrice observaba con sus ojos afilados y su postura impecable, como siempre un paso más allá de todos.
—Será una semana —dijo final