Había pasado un mes desde que Isabelle, Camille y Lucie llegaron a Bergen. El frío se había vuelto parte del paisaje, y también de ellas. Al principio, la casa parecía demasiado grande, demasiado silenciosa. Pero pronto aprendieron a moverse entre sus pasillos como si fueran suyos. Salían algunos días, caminaban por el pueblo, tomaban café en la misma terraza donde los locales ya las reconocían. Otros días, simplemente se quedaban dentro, inventando rutinas, compartiendo lecturas, cocinando jun