La habitación de Isabelle estaba en penumbra, iluminada solo por la luz cálida que se filtraba desde la lámpara del tocador. Sentada en el borde de la cama, con las manos entrelazadas sobre el regazo, parecía más una figura detenida en el tiempo que una mujer a punto de partir.
Camille y Lucie estaban frente a ella, inquietas, con los rostros marcados por la preocupación.
—¿Qué pasó, Belly? —preguntó Camille, con voz suave—. ¿Por qué Jonathan dijo que te llevaría esta noche?
Isabelle tard