El auto se detuvo frente a la mansión en Belvedere Hill. Las luces del porche estaban encendidas, proyectando sombras suaves sobre la entrada. Isabelle se volvió hacia Noah.
—Gracias por traerme.
Noah asintió, sin decir nada. Isabelle se inclinó y lo abrazó con fuerza. Él la sostuvo unos segundos, luego la soltó con una sonrisa tranquila.
—Ve. Él te está esperando, aunque no lo admita.
Isabelle bajó del auto, ajustó el abrigo y caminó hacia la puerta. Tocó con suavidad.
Una empleada n