La mañana en la mansión Moore era fresca, con el jardín aún cubierto por la sombra de los árboles altos. James estaba sentado en la mesa de piedra, con un vaso de whisky en la mano. El hielo se había derretido casi por completo, pero él no parecía notarlo.
Noah lo vio desde la galería y se acercó con paso tranquilo.
—¿Whisky a esta hora? —bromeó, tomando asiento frente a él—. ¿No era café lo que te hacía funcionar por las mañanas?
James giró el vaso entre los dedos.
—Hoy necesitaba algo