La tarde comenzaba a teñirse de dorado, y el jardín de la mansión se llenaba de sombras suaves entre los setos. Camille e Isabelle caminaban entre las flores cuando vieron a James cruzar el césped a paso apresurado, con la chaqueta en una mano y el móvil en la otra.
—¿Y esa prisa? —preguntó Camille, alzando una ceja con una sonrisa—. ¿Te pone nervioso recibir a la matriarca de los Moore?
James soltó una risa breve, sin detenerse del todo.
—No exactamente. Pero Noah decidió, en su infinita espontaneidad, que no irá al hangar. Así que me toca a mí recoger a Beatrice. Y sí, ya voy tarde.
Isabelle se cruzó de brazos, divertida.
—Entonces no pierdas tiempo. Sabes que a Beatrice no le gusta que la hagan esperar.
James se volvió hacia ellas con una sonrisa ladeada.
—Bueno, si no quiere llegar en taxi, tendrá que esperarme. —Y guiñó un ojo antes de seguir su camino—. Deséenme suerte.
Camille rió mientras lo veía alejarse.
—La vas a necesitar.
La puerta principal se abrió c