La propiedad en Windermere se alzaba como una joya discreta entre colinas verdes, con columnas de mármol y ventanales que reflejaban el cielo. El auto se detuvo frente a la entrada principal, Isabelle bajó sin esperar, su abrigo ondeando con la brisa suave del mediodía.
Dentro, el salón principal estaba dispuesto para la presentación: una mesa larga, pantallas encendidas, carpetas con el logotipo de Eterna en cada asiento. Los inversionistas ya estaban allí, algunos revisando documentos, otro