La mañana siguiente, la luz dorada entraba a raudales por las amplias ventanas de Hartley Enterprises. Isabelle subió por el ascensor privado hasta la oficina de su padre, con el paso firme de quien no quiere parecer nerviosa… aunque lo esté.
Jonathan estaba revisando unos documentos cuando ella entró.
—¿Puedo hablar contigo un momento? —preguntó Isabelle, cerrando la puerta tras de sí.
—Siempre tienes un momento conmigo, hija —respondió él, sin levantar del todo la vista.
—Quiero que m