Noah llegó a la mesa con pasos firmes, pero Isabelle lo recibió con una mirada que no era del todo cálida.
—¿Todo bien? —preguntó ella, alzando una ceja.
—Sí —respondió él, tomando asiento a su lado—. Adrien no volverá a molestarte.
Isabelle giró ligeramente el rostro, como si el comentario le hubiera rozado una fibra incómoda.
—¿Molestarme? Porque por primera vez en días, alguien me hizo reír.
Noah frunció el ceño, pero no respondió. Su mano se posó sobre la de ella, con una firmeza