La música seguía flotando en el aire de la terraza cuando James abrió los ojos. La vio desaparecer entre la gente, su vestido perdiéndose entre destellos de luces doradas.
No se movió, pero sus dedos se cerraron con fuerza alrededor de la copa, como si necesitaran un ancla para no ir tras ella. Dio un sorbo al whisky, aunque no le supo a nada.
Sophie habló, buscando arrastrarlo de vuelta a la conversación que había dejado a medias.
—¿Vienes? Todos nos esperan adentro.
—En un momento. —S