Zeynep bajó las escaleras en silencio, con el cabello aún húmedo por la ducha y la mente dando vueltas por todo lo ocurrido la noche anterior. El eco suave de sus pasos se mezclaba con el aroma a café recién hecho que salía desde la cocina. Podía escuchar las voces graves de Baruk y Selim discutiendo en murmullos, como si intentaran no levantar sospechas.
Al entrar, ambos hombres se callaron de inmediato y la miraron como si hubiera interrumpido algo importante.
—Buenos días, hija —saludó Selim