Kerim estaba sentado en la cocina, con una taza de café entre las manos.
El vapor subía lentamente, y el aroma llenaba el apartamento con una calidez engañosa. Afuera, la mañana apenas comenzaba; el sol se filtraba por las cortinas, tiñendo el suelo de tonos dorados.
Zeynep aún dormía en la habitación. Había pasado la noche en vela, pero finalmente el cansancio la venció.
De pronto, se movió inquieta entre las sábanas, murmurando algo en sueños, y sus ojos se abrieron de golpe. Despertó asustad