Zeynep estacionó su auto frente a la imponente fachada de la mansión Seller. El silencio de la noche solo era roto por el motor enfriándose y el eco de sus propios pensamientos. Suspiró profundamente, tratando de sacudirse el rastro de la reunión con Abram y la oscuridad del plan que acababan de trazar. Al bajar, le entregó las llaves al guardia de seguridad con un gesto distraído y se dirigió al ascensor que conectaba directamente con la terraza del primer piso.
Al salir al aire libre, la bris