Kerim se quedó mirando un punto infinito en el horizonte. Estaba ido, su mente procesando la ruina de una mujer a la que una vez juró proteger. Zeynep, por su parte, suspiró internamente de alivio. Todo había salido a la perfección. La "muerte" de la mujer era una farsa, los reporteros habían sido silenciados y Azra ahora vivía con la convicción de ser una asesina, lo que la mantendría lejos de Turquía para siempre.
Sin embargo, el triunfo de Zeynep se vio empañado cuando Kerim rompió el silenc