Zeynep observó la espalda de Kerim desaparecer tras la puerta de la habitación. El estruendo del portazo todavía vibraba en el aire, una nota discordante que marcaba el ritmo de su caótica mañana. Se quedó un momento de pie, con los puños apretados, sintiendo una mezcla de adrenalina y hastío.
—Esa estúpida mujer… —susurró para las paredes vacías—. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo va a ser el fantasma que camina por nuestros pasillos?
Zeynep comenzó a vestirse con una urgencia febril. Sus movimient